El pasado me acosa con imágenes,
a veces me da miedo la memoria:
el cielo y el infierno moran en ella.
Qué no daría yo por la dicha
de que me hubieras dicho que me querías,
de compartir contigo toda esa mañana
como se comparte el sabor de una fruta
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz.
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