El pasado me acosa con imágenes,
a veces me da miedo la memoria:
el cielo y el infierno moran en ella.
Qué no daría yo por la dicha
de que me hubieras dicho que me querías,
de compartir contigo toda esa mañana
como se comparte el sabor de una fruta
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz.
Declaraba Berkeley que el sabor de la manzana está en el contacto de la fruta con el paladar, no en la fruta misma. De igual manera, dejo a su libertad, amadísimo lector, la generosa interpretación de estos símbolos.
viernes, 20 de febrero de 2015
domingo, 11 de enero de 2015
Eufemismo.
Es una mentira que va recogiendo día a día, como a un pajarito muerto.
Lo que lo une (o mejor dicho, lo que lo ata) a la otra persona es la estupidez, el miedo a estar solo o el egoísmo que defiende como el gato que según mi abuela materna era especial porque se defendía panza arriba, como si los gatos supieran defenderse de otra manera.
Lo que alimenta con falacias es su interés propio, el apego basado en el beneficio personal, su desenfrenada embriaguez de complacencia. No repara en que alimenta al perro del infierno que lo hará pedazos, que lo va a destrozar famélico de sangre. No repara en las mariposas que cría dentro de sus entrañas pero que más parecen cerdos en el fango.
Amor no es, ese término debería ser reinventado, eso es seguro.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)