lunes, 16 de julio de 2012

Tuve un sueño.








Tuve un sueño: fue bastante extraño...


Era de noche, estaba muy oscuro, por alguna razón, no había luna ni estrellas; estaba caminando por un sendero, me era difícil ver adónde me dirigía, o donde me encontraba, era demasiada la oscuridad, era densa la noche, no podía ver absolutamente nada. A los pocos segundos, desde el cielo, tomándome por sorpresa, cayó un relámpago; fue lo suficientemente fuerte como para ver lo que había a mi alrededor, entonces vi donde me encontraba, el paisaje se iluminó en ese corto momento, era uno de los paisajes más hermosos que yo haya visto, simplemente indescriptible. Inmediatamente, a lo lejos, divisé la silueta de una personita: era una niña como de 6 años diría yo, era de tez blanca, cabello castaño claro, largo y liso y ojos preciosos, grandes y color marrón llenos de la sinceridad e inocencia de un niño. Algo me dijo que se trataba de mi hija. En ese momento fugaz, una gran motivación me invadió, el relámpago con la sutileza que llegó también se fue, dejándome en total oscuridad una vez más.


Al no poder ver a la preciosa niña, me eché a correr, no sabía si corría en la dirección correcta, simplemente lo hice. Los sueños son locos, como por arte de magia, mientras comencé a correr, empezaron a asomar los primeros rayos del alba, y el panorama se fue esclareciendo hasta que llegué a ella, la abracé, la besé, tome su mano y seguimos caminando. Me desperté, sentía una gran paz en mi corazón, sentía una sensación de ternura y una gran motivación . Como es de esperarse cuando tienes un sueño bonito, traté una vez más de seguir donde me quedé y seguir soñando. Quería saber su nombre, quién era su mami y dónde vivíamos; estúpido yo, queriendo hablar con mis propios sueños, queriendo hacerle preguntas a una niña que, una corazonada me decía era mi hija, más sin embargo, no existe, aún...


No estoy muy seguro de lo que significó, no estoy muy seguro si fue una locura querer seguir hablando con ella. Sí he pasado por momentos de incertidumbre y lucha, donde lo que me mantiene en pié es mi indomable voluntad de vencer. Pero, ¿y la niña? ¿y los rayos del amanecer que comenzaron a alumbrar súbitamente mi camino mientras corría como loco hacia ella, sin saber si en realidad me dirigía en su dirección? Aún no lo comprendo.


Estas son aquellas cosas que uno simplemente no las puede obviar, yo no creo en casualidades, sino en causalidades, ese juego semántico de palabras nos revela una de las mayores verdades de la vida. Eso sí, algún día, mi amor, vas a estar a mi lado, podré abrazarte, besarte y guiarte de la mano, sabélo que te amo, muñeca, y espero algún día mostrarte estas palabras, sabélo que tu papi desde ahorita esta luchando, derramando sangre, afrontando miedos y tomando retos para ser un hombre de bien, que siempre te dará el buen ejemplo y aunque no pueda dejarte una gran herencia material, ten por seguro, princesa, que heredarás su voluntad inquebrantable, su determinación, su alto sentido del sacrificio y de la disciplina, la inteligencia y sobre todo el corazón noble y bondadoso pero de león que late dentro de su pecho. Te amo, desde ya, aunque falte muchísimo tiempo para que nazcas.


Espero volver a verte, deberías de visitar a tu aún joven padre más seguido, tú eres la verdadera chica de mis sueños, princesita.


Soy loco, hablando con una niña que vi en sueños, ¿o será que, sin saberlo, estoy hablando con los deseos más profundos de mi alma? Ya veremos.